El Cuerpo del Cuerpo tributó último adiós al Voluntario Honorario Álvaro Lara Arellano (Q.E.P.D.)

Ceremonia fúnebre se realizó el viernes 13 de marzo, en el Cementerio General.

El Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS) despidió la tarde del viernes 13 de marzo, en el Cementerio General, los restos mortales del Voluntario Honorario y Fundador de la 20ª Compañía “Apoquindo”, Álvaro Lara Arellano (Q.E.P.D.), con Premio de Constancia por 65 años de servicios.
Concurrieron a la ceremonia fúnebre el Directorio de la Institución, liderado por el Superintendente, Álvaro Lara Alba; Oficiales y voluntarios de las 22 Compañías del CBS, Oficiales de la 7ª Compañía del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar hermana de Canje de la 20ª, la familia del fallecido Voluntario Honorario y también miembros de la Logia “Sinceridad” N° 60, a la que pertenecía.
Recordaron las dimensiones del bombero, fundador, camarada en el servicio, padre y abuelo y masón el Director de la 13ª Compañía, Luis Lufin Correa, a nombre del Directorio del CBS; el Director de la 22ª Compañía, Cristóbal Pérez-Montt Díaz; el Director de la 7ª Compañía del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar, Fernando Recio Palma, y el representante de la Logia N° 60, Darwin Morales Lorca.
Con el sol ya ocultándose, la ceremonia en la Plaza de la Paz se encaminó a su fin cuando el Comandante del CBS, Giorgio Tromben Marcone, ordenó firmes a las filas y se inició el toque de silencio. Después vino el rito con que los miembros de la Logia “Sinceridad” N° 60 lo despidieron.
Tras ello, se situó la cureña con su féretro a la entrada del Cementerio General, por calle Profesor Zañartu, teniendo de un lado a la familia y la 20ª Compañía y del otro, a la formación del Directorio, para presenciar el desfile de las 22 Compañías en honor a Álvaro Lara Arellano, Voluntario Honorario y Fundador de la “Bomba Apoquindo”, también padre del Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Santiago, Álvaro Lara Alba.
Cuando terminó el paso del Cuerpo de Bomberos de Santiago, casi en penumbras, ingresó la carroza al cementerio, coincidiendo con el desplazamiento de los voluntarios hacia la plaza, donde el Comandante, tras la retirada del Estandarte Institucional, informó al Superintendente el fin de la ceremonia.

Ecos de un adiós: niñez, juventud y tradición

En su alocución fúnebre, a nombre del Directorio Institucional, el Director de la 13ª Compañía “Providencia”, Luis Lufin Correa, pasó revista a momentos que marcaron la vida del fallecido Voluntario Honorario y Fundador de la 20ª Compañía.

● “Él mismo recordaba que siendo apenas un niño, alrededor del año 1940, observaba con fascinación los ejercicios que realizaba una Compañía de Bomberos frente a su casa. Desde la vereda, apoyado en una muralla, miraba cómo los voluntarios corrían con escalas, formaban puentes y realizaban complejas maniobras. Aquellas imágenes quedaron grabadas para siempre en su memoria. Ese niño que miraba con admiración a los bomberos terminaría convirtiéndose en uno de ellos. Y lo hizo con tanta convicción que incluso ingresó a escondidas de su padre, un 29 de octubre de 1954, guardando su uniforme en casa de un amigo para poder salir a los incendios”.

● “Muchas veces llevó a sus hijos al Cuartel para que jugaran entre los carros y las mangueras, compartiendo con ellos la pasión bomberil que marcó su vida. Y esa semilla dio frutos: sus hijos Álvaro y Andrés también se convirtieron en voluntarios de la Vigésima Compañía”.

● “Hoy, uno de los voluntarios formados en la Vigésima Compañía y precisamente uno de sus hijos se encuentra encabezando el Cuerpo de Bomberos de Santiago, reflejando hasta dónde ha llegado el camino iniciado hace ya más de cinco décadas por aquellos hombres que dieron vida a esta Compañía. Por eso, al despedir hoy a don Álvaro, el Cuerpo de Bomberos de Santiago no solo recuerda su vida de servicio. También reconoce el legado que deja a su Compañía y a toda la institución”.

● “Hoy su guardia termina. Pero su historia queda escrita para siempre en la memoria de su Compañía y en la historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Y mientras exista un voluntario dispuesto a acudir al llamado de la sirena, mientras exista un bombero dispuesto a servir sin esperar nada a cambio, el ejemplo de hombres como don Álvaro seguirá vivo. Voluntario Honorario y Fundador Álvaro Lara Arellano, descanse en paz”.

El dolor de una Compañía

Después tocó el turno de la 20ª Compañía, cuya voz fue la de su Director, Cristóbal Pérez-Montt Díaz, quien se dirigió a los presentes para entregar la historia del bombero fallecido.

 

● “Hoy, frente a este Cuerpo reunido, despedimos a un Voluntario Honorario, a un Fundador de la Vigésima, y a uno de esos hombres que ayudaron a darle forma a lo que hoy somos. Las instituciones se construyen generación tras generación, pero hay algunos nombres que quedan para siempre en sus cimientos. El nombre de Álvaro Lara Arellano es uno de ellos. Porque cada vez que la Vigésima abra sus puertas para salir a servir… cada vez que un voluntario vista su uniforme con orgullo… cada vez que la historia de la Compañía vuelva a contarse… su nombre estará presente”.

● “Cuando en 1971 se encontró con un grupo de voluntarios entrenando en la calle, en medio del polvo y el entusiasmo de quienes soñaban con levantar una nueva Compañía, decidió quedarse. Ese gesto muy sencillo se transformó en un acto de profunda convicción. Creyó en un proyecto que recién nacía y, con ese acto, quedó para siempre entre los fundadores de la Vigésima Compañía ‘Apoquindo’. Pero ser fundador no es solo haber estado al principio. Ser fundador es sostener la obra cuando vienen los desafíos. Don Álvaro lo hizo durante toda su vida bomberil. Fue el primer Oficial elegido desde las propias filas de la Compañía, cuando ésta recién comenzaba a consolidarse. Fue Director en distintos períodos, Capitán cuando el servicio lo requirió, y durante décadas Consejero de Disciplina, porque su rectitud y profundo sentido de justicia lo hicieron merecedor de la confianza permanente de sus pares”.

● “A lo largo de su trayectoria acumuló más de 66 años de servicio, de los cuales cinco décadas estuvieron dedicadas al Cuerpo de Bomberos de Santiago. Una vida entera entregada a esta institución. Pero incluso esa cifra extraordinaria no alcanza a explicar su verdadero legado. Porque don Álvaro entendió algo esencial del espíritu bomberil: que una Compañía no se construye solo con cuarteles, carros reglamentos. Se construye con ejemplos”.

● “Por eso integró a su familia a esta casa, a sus hijos, Álvaro y Andrés y a sus nietos Óscar y José Miguel. Por eso defendió siempre el prestigio de su Compañía. Por eso estuvo presente en los momentos importantes de su historia”.

Los años de Guardia

También hizo uso de la palabra el Director de la 7ª Compañía “Viña del Mar Alto”, del Cuerpo de Bomberos de Viña del Mar, Fernando Recio, quien Aludió al espíritu bomberil del don Álvaro Lara Arellano, destacando sus 65 años de servicios: “Son cientos de guardias, innumerables emergencias, incontables reuniones, decisiones difíciles y también momentos de camaradería que forman parte de la historia viva de una Compañía. Pero por sobre todo son 65 años de ejemplo”.

● “Su legado no solo se limita a su Compañía ni a su trayectoria personal. También se proyecta con fuerza en su familia, en quienes han continuado con orgullo la tradición de servicio que él encarnó. Ese legado vive en sus hijos Álvaro y Andrés, quienes han sabido honrar el nombre y los valores que su padre cultivó durante toda su vida. Y vive también en sus nietos José Miguel y Óscar, quienes representan la continuidad de esa tradición familiar, marcada por el compromiso, el carácter y el espíritu de servicio”.

Las palabras de la Logia N° 60

A nombre de la Logia “Sinceridad”, N° 60 donde alcanzó el grado de Maestro y Miembro Honorario, tomó la palabra Darwin Morales Lorca, tras pasar revista a los inicios masónicos de don Álvaro, se congratuló con sus logros bomberiles.

● “Grata noticia fue para sus hermanos enterarnos de que, en el año 2009 fue galardonado con la medalla a sus 50 años de constancia y perseverancia, pero no se quedó ahí, mantuvo su perseverancia y con los años llegó logró la medalla de los 65 años, premio que recibió con el mayor de los orgullos y entendemos que fue muy valorado, especialmente por toda su familia”.

● “Un gran premio para el QH:. Álvaro fue poder celebrar sus 90 años con toda su familia en pleno, y esto fue incluyendo a su hermana Carmen, con quien, por circunstancias de salud, no lograban visitarse con la regularidad que le habría gustado. Uno de sus últimos orgullos para nuestro querido Álvaro, fue enterarse de que su hijo recibiría el nombramiento de Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Santiago”.