Reflexión del Director Honorario Alejandro Artigas por el Mártir Paul Valenzuela Muñoz

Alocución pronunciada en el Directorio Extraordinario del viernes 19 de diciembre.

Durante el Directorio Extraordinario del viernes 19 de diciembre, reunido ante la urgencia del dolor por la muerte en acto del servicio del voluntario y Ayudante 1° de la 6ª Compañía “Salvadores y Guardia de Propiedad”, Paul Valenzuela Muñoz (Q.E.P.D.), intervino el Director Honorario Alejandro Artigas MacLean, quien reflexiono sobre lo ocurrido y expresó el sentir de sus pares.
Tras solicitar autorización al Superintendente, Gabriel Huerta Torres, para hacer uso de la palabra, entregó el mensaje a continuación:
“Nuestra misión, que es salvar vidas y bienes que nos compromete frente al Estado y la comunidad, nos obliga a veces a arriesgar lo más valioso, que es precisamente a lo que nos hemos comprometido, que es salvar vidas.
“Nuestro refrán, vidas por vidas, esta vez nos cobró dolorosamente, porque estamos hablando de un muchacho, estamos hablando de que esta vez el Cuerpo de Bomberos de Santiago, y en particular este Directorio, perdió un hijo; estamos hablando de que, si perdimos un hijo, hemos recibido como encargo especial a su mujer, que será nuestra hija; y a sus hijos, que serán nuestros nietos.
“La familia no puede sentir nunca, ni hoy ni dentro de cien años, que perdió a su padre. Esa familia entregó a su padre y tiene ahora a una familia grande que se va a preocupar por ella.
“Eso es lo más doloroso porque, al final de cuentas, nuestro voluntario que partió está en paz y, seguramente, no tiene conciencia de lo sucedido ni del dolor, porque el dolor es parte de los vivos.
“Hemos guardado un minuto de silencio; afuera el bullicio continúa, la vida del país continúa; quienes transitan por esta ciudad lo hacen tranquilos pensando en que hay un Cuerpo de Bomberos detrás que los va a ayudar en caso de una emergencia; no saben lo que estamos viviendo aquí, pero sí saben que, si nos vuelven a pedir este servicio, lo volveremos a hacer”.
“La familia está en silencio, el Cuerpo está en silencio; nuestro silencio guarda nuestras lágrimas y en particular las guarda este Directorio, porque tenemos que ser suficientemente fuertes, como pilares, para contener a nuestros muchachos; los mismos muchachos, de esta misma edad, que deben reflexionar a esta misma hora, -como lo hicimos nosotros muchas veces-, por sus familias, por sus mujeres y por sus hijos. A ellos hay que animarlos y, obviamente, apoyarlos.
“Allá afuera todavía están los adobes, adobes que han tratado de enseñarnos tantas veces, desde Ossa; adobes que están esperando por la presa; adobes que fueron diseñados para cobijar la vida y que, de tanto en tanto, nos dan un guadañazo y nos quitan la nuestra.
“Cuando éramos Comandantes, en el horrible accidente de San Pablo, que generó la pérdida de nuestros tres Mártires de la Novena, el que les habla era Cuarto Comandante; antes de un minuto de llegar al lugar se derrumbó ese muro traicionero, y uno se pregunta: ¿qué hicimos mal?, ¿qué pudimos haber hecho mejor?, ¿por qué no llegué un minuto antes?; como si esa desgracia estuviera en las manos nuestras; como si uno solo, un Comandante, pudiera tener la capacidad de frenar esta angustia. Ese poder no lo tenemos; nos recuerda la vida que tenemos autoridad, pero no poder.
“El único consuelo que pudimos obtener fue comprometernos a hacer las cosas mejor; el único consuelo en el cual pudimos afirmarnos era hacer nuestros mejores esfuerzos para que esto no nos volviera a pasar. El único consuelo que seguiremos teniendo es que este Directorio, la Institución, hará todo lo que esté en su mano para que la formación de nuestros voluntarios, la capacitación de ellos, el liderazgo de nuestros jefes, nuestras escuelas, hagan también su tarea para minimizar este riesgo, riesgo que no podremos eliminar jamás.
“Sé que el alma de todos nosotros, y en particular del Mando, está profundamente herida. Ya habrá tiempo para llorar, ya habrá tiempo para pensar. Hoy es tiempo de unirnos todos; de pedirle, a quienes creen en Dios, que reciba a este hijo nuestro; pedirle, a aquellos que creen en el Gran Hacedor, que nos haga comprender por qué nos priva del desarrollo intelectual, ético y moral de un muchacho y su familia.
“Señor Superintendente, a nombre de los Directores Honorarios, expresamos nuestro dolor rogándole que se le transmita a su familia y a la Sexta Compañía. Muchas gracias”.