El “General Dinamita”: bombero de Santiago y héroe de guerra

A 119 años de su partida, se recuerda al “sextino” Arturo Villarroel Garezón.

Un día 30 de mayo, pero de 1907, falleció Arturo Villarroel Garezón, Voluntario de la Compañía “Guardias de Propiedad”, actual Sexta Compañía “Salvadores y Guardia de Propiedad”, del Cuerpo de Bomberos de Santiago, y héroe de la Guerra del Pacífico, a quien por sus acciones como pontonero del Ejército se le apodó “Capitán Dinamita”.
Tuvo una destacada participación en el Asalto y Toma del Morro de Arica, el 7 de junio de 1880, donde desactivó campos de minas, lo que permitió a la infantería chilena apoderarse de la guarnición artillada en 55 minutos.
Al término de la Guerra del Pacífico y ya con una pierna menos por efecto de la explosión de una mina en la batalla de Miraflores, el pueblo lo “ascendió”, llamándolo “General Dinamita”.
Sus hazañas lo ubican como hablante de chino mandarín, eficaz herramienta lingüística para comunicar órdenes a los destacamentos de chinos que combatieron por el Ejército de Chile en las campañas de Iquique, Tacna, Arica y Lima.

Bombero y aventurero

Fue un destacado Teniente 1° de la actual 6ª Compañía “Salvadores y Guardia de Propiedad”, donde con el cargo de Teniente Primero intervino, junto a su amigo, el Teniente 3° y Primer Mártir de la Institución, Germán Tenderini y Vacca, en la contención del incendio del Teatro Municipal, estructura en la cual este último perdió la vida, el 8 de diciembre de 1870.
El currículo de Arturo Villarroel va más allá de sus actos del servicio y en guerra, ya que antes de ser registrado con el número 21 en el libro de ingresos a la entonces Compañía de “Guardias de Propiedad”, fue marinero, explorador en China y otras tierras de Oriente, minero y trabajador en Estados Unidos, donde se relata que, estando en Nueva York, rescató a una madre y sus dos hijas en el incendio de un edificio.
También fue un ciudadano con marcada conciencia social, miembro de la Logia “Justicia y Libertad N° 5” de Santiago. En la masonería sostuvo iniciativas adelantadas para la época al proponer, en 1869, la iniciación de tres mujeres para instalar una Logia de Adopción.
Además, fue un impulsor de la educación de las capas no privilegiadas de la sociedad, siendo benefactor gracias al dinero ganado en sus viajes al Oriente y Estados Unidos. Ello se tradujo en la importación de miles de libros desde España, los cuales dona a escuelas y bibliotecas.
Y junto con ser voluntario del Cuerpo de Bomberos de Santiago también aportó monetariamente a la Institución… Todo porque nunca supo que hacer con el dinero, salvo entregarlo a buenas causas.