Se reproduce íntegro el discurso del Secretrario General, Jerónimo Carcelén Pacheco, pronunciado con motivo de la Romería General de la Institución en homenaje a los Fundadores, a los Mártires y a los Miembros de del Cuerpo de Bomberos de Santiago.
“DOMINGO 14 DE JUNIO DE 2026
“Nos convoca hoy, más que una tradición y una obligación reglamentaria, un verdadero acto de identidad. Nos reunimos no solo para recordar, sino para reafirmar quiénes somos, dónde nacimos y hacia dónde queremos llevar a esta gran Institución.
“Porque la memoria, cuando es viva, no es un relato del pasado. Es una fuerza. Una fuerza que orienta el presente y que compromete nuestro futuro.
“El Cuerpo de Bomberos de Santiago se funda en sólidos pilares, algunos visibles y otros que sostienen en silencio. Entre estos últimos hay un principio esencial: el respeto y la mutua consideración.
“No es solo una norma. No es solo un artículo reglamentario. Es una manera de estar, de convivir y de reconocernos en el otro. Porque somos iguales entre nosotros y ejercemos esta vocación en un marco de principios y valores, donde prima el bien común sobre el beneficio particular.
“Está en nuestra esencia el vivir el compañerismo, prepararnos para servir y tratar a cada uno con dignidad. No caben en esta Institución las discriminaciones, los abusos o las faltas a la mutua consideración.
“Sin respeto no hay cohesión. Sin cohesión, no hay eficiencia en el servicio. Sin mutua consideración no hay espíritu de cuerpo. Y sin espíritu de cuerpo, no hay Institución.
“A este principio se suma, de manera inseparable, la Ética Institucional que guía nuestro actuar. Porque ser bombero de Santiago no es solo cumplir órdenes ni acudir al servicio: es actuar conforme a un conjunto de valores que orientan cada decisión, en el cuartel y fuera de él. Nuestra Doctrina nos recuerda que al ingresar no adherimos a personas, sino a principios, a reglamentos y a una forma de conducta que exige lealtad, honestidad, disciplina, abnegación y prudencia en cada acto. La comunidad a la que servimos deposita en nosotros no solo su seguridad, sino también su confianza, y esa confianza nos obliga a actuar siempre con rectitud, a no servirnos de la Institución y a honrarla en todo momento. Porque, en definitiva, la fortaleza del Cuerpo de Bomberos de Santiago no se mide solo en su capacidad operativa, sino también en la integridad ética de quienes lo conforman.
“Nuestra historia comienza en el dolor de la ciudad, pero también en una decisión ética tras la tragedia. La decisión de un hombre: José Luis Claro Cruz, que supo transformar el dolor y la tragedia en acción solidaria.
“José Luis Claro Cruz fue el hombre que verbalizó una gran idea: la creación de un cuerpo de bomberos para la ciudad de Santiago. Sin duda una idea genial, que nació de un hombre, pero cuya materialización ha requerido el trabajo, la constancia y la disciplina de tantos otros.
“Así, el Cuerpo de Bomberos de Santiago no es la obra de una voluntad individual. Es una construcción colectiva. Forjada en el tiempo, sostenida por generaciones y mantenida viva por cada uno de nosotros.
“Y entonces surge una pregunta —necesaria—: ¿De qué sirve la memoria de un hombre solo? ¿De qué sirve recordar nombres si no se encarnan en una comunidad? La respuesta es clara: No basta. La memoria o es colectiva o simplemente se pierde.
“Y por eso hoy resuenan con especial fuerza las palabras del Director de la 2ª Compañía, don Justo Arteaga Alemparte, el año 1871, en la ceremonia en que se descubrió el retrato del Protomártir German Tenderini: “Si esta ceremonia envuelve un recuerdo de tristeza, envuelve, al propio tiempo, un consuelo, cuando se ve a tantos hombres de corazon i de deber que así acuden a tributar sus homenajes a la víctima jenerosa al mártir heróico. Ello manifiesta que hai memoria para las grandes acciones, i una memoria que es justicia i es inmortalidad”.
“Ahí está todo. La memoria es justicia. Y cuando es compartida es inmortal.
“Por eso estamos aquí. No por costumbre. No por protocolo. Estamos aquí porque elegimos recordar. Porque sabemos que la memoria se mantiene viva cuando se practica. Cuando se desfila juntos. Cuando se transmite de viejos a jóvenes. Cuando se honra a los que vistieron nuestra misma cotona, sin importar su color o el número en el casco. Esta romería no es un rito. Es un compromiso. Un compromiso de no olvidar. De no relativizar. De no dejar que el tiempo apague lo esencial.
“Y si hay un lugar donde la memoria se vuelve más profunda es al recordar a nuestros Fundadores y Mártires. Porque ahí la vocación llega a su límite más alto.
“Hoy vuelve a nuestras mentes y a nuestros corazones el Mártir Paul Valenzuela Muñoz, a quien dejamos en este mismo Mausoleo hace apenas 6 meses atrás. Y al recordarlo nos hacemos una pregunta: ¿Estamos a su altura? ¿Somos dignos de su sacrificio? Porque cada Mártir no es solo pasado. Es también una exigencia de compromiso permanente con la Institución. De ahora en más, por Germán Tenderini, por Máximo Humbser, por Felipe Dawes, por Paul Valenzuela, y por cada uno de los 50 Mártires del Cuerpo de Bomberos de Santiago, renovamos el compromiso con la seguridad, por cuidarnos, a nosotros mismos y a nuestros compañeros de ideal.
“En estos casi 163 años de historia, desde que nació la idea de José Luis Claro Cruz de servir a la ciudad generosa y voluntariamente, hemos tenido ejemplos que iluminan nuestro camino. Como el de Pedro Montt, quien, siendo Presidente de la República, recordó con sencillez que en el Cuerpo de Bomberos no era Presidente, sino un voluntario más. Ahí está la esencia de lo que somos. Porque en nuestras filas rige un principio fundamental: la igualdad entre pares. Aquí no hay privilegios externos ni jerarquías ajenas a nuestro servicio; aquí nadie es más por lo que tiene fuera. Aquí todos valemos por lo que somos dentro, en la medida de nuestro compromiso, nuestra conducta y la vocación que compartimos. Esa es la grandeza de nuestra Institución: reconocernos iguales en dignidad, pero también capaces de distinguir, entre todos, a quien circunstancialmente lidera, siempre como un primero entre iguales.
“Y todo esto —todo— tiene un sentido claro: servir. Servir sin preguntar. Sin condiciones. Sin distinción. Servir porque alguien lo necesita. Servir porque es nuestro deber. Ese es —y seguirá siendo— el ethos de esta Institución.
“A ustedes —voluntarios, voluntarias, brigadieres— quiero decirles algo simple pero esencial: estamos aquí para honrar la memoria de todos quienes construyeron este camino. A nuestros Fundadores, por su visión. A nuestros Mártires, por su entrega. Y a cada voluntario que sostuvo esta Institución en el tiempo, por su Constancia y Disciplina.
“Esta herencia es ahora también de ustedes. Y su misión no es solo conservarla. Es hacerla crecer. Constancia para permanecer. Disciplina para actuar. Porque no basta querer servir hay que saber hacerlo. Y hacerlo bien, siempre.
“Permítanme terminar con una reflexión. Las instituciones no mueren con los años. Ni con los cambios ni con las generaciones. Las instituciones mueren cuando se pierde su sentido. Cuando el uniforme que hoy vestimos orgullosos deja de representar algo. Cuando el servicio se vuelve rutina. Cuando el respeto se reemplaza por la indiferencia. Pero también es cierto lo contrario: Las instituciones viven cuando hay alguien que recuerda. Cuando hay alguien que enseña. Cuando estamos todos tras un proyecto común. Cuando un oficial tiene un cargo que carga, y no un grado que agrada.
“Porque el Cuerpo de Bomberos de Santiago no vive en sus muros. No vive en sus carros. No vive en sus reglamentos. Vive en la voluntad de servir. Vive en la disciplina que ordena. Vive en el respeto que une. Y vive, sobre todo, en la memoria que se transforma en acción solidaria.
“Hoy hemos recordado que la memoria individual no basta; que es la comunidad la que le da sentido y la proyecta en el tiempo. Hemos recordado a nuestros Fundadores, a nuestros Mártires y a quienes han hecho de esta Institución un ejemplo de servicio.
“Sigamos, entonces, honrando esa memoria no solo con palabras, sino con acciones. Sigamos sirviendo con humildad, con respeto y con compromiso. Porque mientras exista una comunidad que recuerde, y hombres y mujeres dispuestos a servir, esa memoria —como decía Arteaga Alemparte— será, efectivamente, justicia e inmortalidad.
“Muchas gracias”.


