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Preservación material, el arte, el patrimonio y el rol de los Bomberos

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Lea la editorial del Capitán 2ª Compañía tras la tragedia en la catedral de Notre Dame.

El día de ayer fuimos testigos de cómo se incendiaba por completo la Catedral de Notre Dame, cuya construcción se inició en el año 1163 y finalizó en el año 1345. Esta construcción más que centenaria, rodeada por el río Sena, fue testigo de los hechos más importantes  ocurridos en Europa, los que  en importante medida forjaron  su identidad.

El año pasado, en el mes de septiembre, fuimos testigos del incendio en el Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro, edificio científico más antiguo en Latinoamérica, en el que se perdieron más de 20 millones de piezas de arte del patrimonio histórico mundial, desde la civilización Egipcia hasta la cultura Mapuche.

En tal sentido, si nos detenemos a recordar imágenes de ambos sucesos, o los propios que tengamos sobre algún gran incendio, llegaremos a un mismo lugar: El dolor humano y cierta sensación de desarraigo.

¿Qué hay en lo material que nos genera dolor su pérdida? ¿Qué causa esa sensación de pérdida? ¿Qué causa esa sensación de saber que extraviamos un libro? ¿Qué causa esa sensación de saber que algo irreproducible ya no estará?

Probablemente -y por el espacio que permiten estas líneas- en principio, advertiré que debe ser parte de nuestro propio relato de vida, y de nuestra identidad colectiva, la que se va con aquella materia que ahora se pierde a causa del fuego. Recuerdos, momentos e historias pierden uno de los vínculos que las mantenían atadas a nuestra comunidad y a nuestro propio relato. Nuevamente. Un poco de nosotros, y nuestra sociedad, se va en ese incendio.

Tanto los Bomberos de París como los Bomberos de Brasil trabajaron por arduas y extensas jornadas para contener las llamas de estos edificios que tanto valor guardan y que como sociedad queremos preservar. En ese momento, no fueron solo bomberos, sino también, ciudadanos.

Este relato nos debe parecer especialmente propio, y es que al fundarse al Cuerpo de Bomberos de Santiago, uno de los objetivos autoimpuestos fue salvar vidas y bienes; tarea que hemos cumplido por más de 155 años de trabajo ininterrumpido, y de los cuales hemos aprendido lecciones que no olvidamos nunca.

Así fue como, por ejemplo, a nuestra Compañía e Institución le tocó trabajar en el incendio del Palacio de Bellas Artes en 1969, o en el incendio del Museo Histórico Militar en el año 2000, y con ocasión de ello nos damos cuenta que existen incendios en los que sus operaciones de trabajo no son comunes. Ya sea por las características materiales e inmateriales de los edificios, o por los bienes que en ellos se encuentran, las labores de extinción son siempre únicas, demandando de las instituciones que intervienen en estos acontecimientos una preparación especial.

Nuestra Compañía, identificada con la historia de nuestro país, se siente conminada a cuidar la memoria de lo que construyeron nuestros antepasados, y, en tal sentido, ha escuchado esta reformulación del llamado que dio origen a nuestra fundación. Hacer lo de hace 155 años, con nuevas técnicas pero el mismo espíritu, salvar vidas y bienes.. salvaguardar el patrimonio de nuestra ciudad.

  • Texto: Jorge García Sepulveda / Capitán 2ª Compañía


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