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En la Memoria del CBS

Hombres con Alma de Fuego: Florencio Bahamondes Álvarez

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Décimo Mártir de la Institución y el cuarto de la Tercera Compañía.

Era el miércoles 7 de enero de 1920, caluroso día de pleno verano en la capital. El Colegio de los Sagrados Corazones, conocido en aquel entonces como el Colegio de los Reverendos Padres Franceses, se encontraba sin alumnos, y el aviso de uno de los empleados cambiaría la historia.

12:20 horas, y por uno de los costados de la cocina del establecimiento, ubicado entre la Alameda de las Delicias, Campo de Marte, Carreras y Manuel Montt, el humo asoma violentamente. En segundos aparecieron las llamas avivadas por la brisa del sur. El aviso llegó al número telefónico 1696 de la Central de Alarmas a las 12:30 horas.

Al siniestro concurrieron las 12 Compañías con las que el Cuerpo contaba en aquel entonces.

Fueron más de 4.500 metros cuadrados los afectados por el fuego; archivos, laboratorios, biblioteca, salas de clases y dormitorios.

Los primeros minutos fueron difíciles. Según relató la prensa, la idea de los jefes de ese sector fue evitar que el fuego llegara a los laboratorios que ocupaban la parte cercana a la Alameda. Voluntarios de la Tercera y Sexta Compañías rompieron algunas ventanas del segundo piso.

El fuego atacó sin piedad a los Voluntarios que intentaban controlarlo, viniéndose sobre ellos por el entretecho, envolviéndoles por completo.

Los bomberos salieron rápidamente a las ventanas rotas, y las llamas salieron en forma de chorros por sobre sus cabezas.

En una ventana vecina se consumó el sacrificio del Bombero Bahamondes. Su cabeza y su ropa ardían. No alcanzó a ponerse uniforme, y trabajaba en mangas de camisa en el sitio de mayor peligro. Un grupo de compañeros corrió hasta el pie del edificio indicándole que se arrojara.

Bahamondes, horriblemente quemado, continuó andando por sus propios pies sostenido por dos compañeros. Tenía el cuerpo rojo como una llaga viva, y sólo decía: “Agua… agua”.

Fue llevado con toda velocidad posible hasta la Posta Central, y posteriormente trasladado a la Clínica Alemana.

Conservó toda su lucidez, haciendo que llamaran a su hermano, para entregarle sus llaves, pidiendo a la vez que nada le dijesen a su madre.

A las cuatro de la madrugada del jueves 8 de enero, el Voluntario de la Tercera Compañía Florencio Bahamondes Álvarez dejaba de existir, convirtiéndose en el décimo hombre de las filas del CBS y el cuarto de esa Compañía en entregar su vida por la causa bomberil.

En aquel siniestro hubo 50 bomberos heridos, de los cuales dos finalmente fallecieron; Bahamondes al día siguiente, y días más tarde Alejandro Acosta Lillo, de la Séptima Compañía.



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