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En La Memoria del CBS – La Bomba a Palanca “La Poniente”

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Foto: CBS

Para impulsar el agua de la bomba, se coordinan con el grito de “¡Fuego! y ¡Agua!”.

A fines del mes de noviembre de 1864, desde Estados Unidos llegó a Chile la bomba de palancas de la 3ª Compañía, “La Poniente”, solicitada por el Directorio a finales del año 1863.

El encargo se había hecho a Boston, a la fábrica de Bombas Hunneman & Co., por conducto de los agentes en Valparaíso de la Casa Hemenway (propiedad del Teniente 1° de la Primera de Bombas de la Asociación contra incendios del puerto, don Carlos P. Hemenway).

El Directorio acordó adjudicar la bomba a la Compañía del Poniente, “reconociendo – dice el acta – el entusiasmo y actividad de esta Compañía, la cual, aunque había ido a veces más allá de lo que permitía una estricta disciplina, merecía la atención y apoyo del Directorio”.

Fue así como a principios de Diciembre  de  1864, las Compañías deseosas de demostrar su magnífica organización, esperaban la ocasión para sacar el mejor partido de su flamante material, y las que no lo poseían estaban dispuestas a rendir el máximo de su esfuerzo a fin de conquistar renombre y consideración.

El Directorio satisfecho de esos adelantos, acordó fijar el día 25 de Diciembre para llevar  a  cabo  la  Revista  de  las  Compañías  y  el  Ejercicio  General  de presentación  al público, y con el objeto de que estos actos se celebraran con la mayor solemnidad posible, resolvió invitar al Presidente de la República, a los Ministros de Estado, al Intendente de la Provincia, a la Ilustre Municipalidad, y al Directorio del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso para que asistieran a ambas ceremonias.

Esta bomba de palancas, de aproximadamente 1.400 kilos de peso, con una entrada de agua y dos salidas, que se traía hasta el lugar del servicio por tracción humana, con dos hombres en la lanza y tres por cada costado tirando de cuerdas, contaba con 4 baldes fabricados de suela y mangueras del mismo material. La presión que alcanza es de 100 libras, con un chorro de pitón que sobrepasa los 15 metros. Para impulsar el agua de la bomba, se ejercerán movimientos en sus varas con 8 a 10 hombres por cada costado que coordinaran sus movimientos con el grito de “¡Fuego! y ¡Agua!”.

Abandona el servicio en 1915, donde se destina a las antiguas bodegas del Cuerpo para ser restaurada en 1987 por don Tomás Rodríguez Peláez.



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