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En la Memoria del CBS: Martes 11 de Septiembre de 1973

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La historia tras los incendios del Palacio de La Moneda y de la sede del Partido Socialista.

El Cuerpo de Bomberos de Santiago, en sus más de 153 años, ha sido partícipe y testigo de muchos sucesos, que han quedado registrados por sus protagonistas, en los cientos de Libros de Novedades y Memorias Anuales que guardan como un tesoro estos acontecimientos.

El martes 11 de septiembre de 1973 tuvo una alta connotación histórica, no solo para el país, sino que también para la Institución, reflejados en el combate a los incendios del Palacio de La Moneda y de la sede del Partido Socialista.

En ambas ocasiones, el arrojo y la entereza de los Oficiales y Voluntarios, supo sobreponerse ante las adversidades que el momento traían aparejadas, demostrando el más alto espíritu de servicio, único y sin distinción alguna, entre quienes vestimos el Uniforme de Bombero.

En estos relatos, les presentamos el trabajo realizado por el CBS en ambos siniestros.

Palacio de La Moneda

Texto extraído de la Memoria Anual de la Sexta Compañía.

El 11 de septiembre, a las 15.31 horas, la Compañía fue llamada a sofocar el incendio que los Rockets de aviación y morteros habían ocasionado al Palacio de La Moneda, debido a las circunstancias históricas que en esta memoria no cabe comentar, y que son por lo demás conocidas por la ciudadanía.

Al llegar a ese lugar, el Palacio ardía en forma violenta, por lo que la Compañía tuvo que desplegar gran parte del material que llevan los carros para tratar de dominarlo con el peligro consiguiente, no debido al incendio mismo, sino a los disparos que se hacían de los edificios vecinos por francotiradores allí apostados, llegando un momento que por orden del General que comandaba, se debían retirar carros y Voluntarios a un lugar más seguro, refugiándose algunos en la Intendencia y otros en el garaje de la presidencia. 

Pasado momentáneamente el peligro, se volvió a la labor que se estaba desarrollando y en medio de los proyectiles de todo calibre, el Cuerpo siguió trabajando, retirándose la Compañía a las 22.30 horas, siendo llamada nuevamente al día siguiente desde las 7.52 horas, hasta las 15:40 horas.

Posteriormente concurrió a Llamado de Escombros el día 16, desde las 18.38 horas a las 20.05 horas. 

La abnegada labor que los Oficiales y Voluntarios de la Sexta y de la Institución desplegaron en esos instantes trágicos en qué vivía la República, fue objeto de una encomiástica nota enviada por la Honorable Junta de Gobierno al Cuerpo, y cuyo texto señala: “El trabajo desarrollado, en que los Voluntarios arriesgaron sus vidas para dominar ese siniestro, deja una vez más dentro de la ciudadanía, establecido el hecho que la ciudad puede descansar tranquila, cuando existen hombres en instituciones como los Cuerpos de Bomberos Voluntarios de Chile, ya que su disciplina y espíritu de sacrificio, hacen de ellos un puntal más en que descansa la República”.

Palacio de la Moneda

De la Memoria Anual de la Institución

Morandé y Moneda, Tercer Cuartel.

Martes 11 de septiembre, a las 15:31 horas.

Desde que se tuvo conocimiento, a tempranas horas de la mañana del día ya indicado, de la situación que se había producido en el país, se dispuso el acuartelamiento de personal y de inmediato se procuró obtener comunicación con el ministerio de defensa nacional, para establecer cómo se coordinaría la relación que se habría de mantener con las Fuerzas Armadas y de Carabineros, procedimiento que se había seguido en ocasiones en que así fue necesario por las circunstancias.

Para tal efecto, se llamó al Mayor de Ejército Hernán Padilla Schneider, quien en las oportunidades anteriores fue destacado como Oficial de Enlace.

A las 10,15 horas se logró comunicación con este Oficial, quien manifestó que nuevamente se le había confiado igual misión. En cumplimiento de su cometido, informó que el Alto Mando había ordenado, como medida la seguridad para nuestra Institución, que no concurriera a actuar sin autorización previa de esa autoridad.

Por informaciones de las radioemisoras a las que se autorizó continuar sus transmisiones, se tuvo conocimiento de que el Palacio de La Moneda seria bombardeado por la Fuerza Aérea.

Esta operación se realizó a mediodía y fue así como momentos después podía observarse desde el edificio de la Dirección General del Cuerpo, la columna de humo que provocaba el incendio que estallo.

Conforme a la disposición del Ministerio de Defensa Nacional, ya comentada, el Teniente Coronel Domínguez, comunico que el Cuerpo solo podría concurrir al incendio cuando se le diera la autorización correspondiente. Este aviso fue reiterado por el Mayor Padilla a las 12,30.

Aunque parezca obvio, es del caso dejar testimonio de la inquietud que reanima entre los miembros de la Institución que se encontraba en los Cuarteles por verse imposibilitados de acudir a cumplir con su obligación, por causas de fuerza mayor, como lo eran las que se han señalado, mientras se apreciaba el incremento que minuto a minuto tomaba el incendio.

A las 15 30 horas, el Mayor Padilla transmitió telefónicamente al Comandante Fernando Cuevas Bindis, la pertinente autorización y le manifestó el deseo de que el Cuerpo tuviera suerte en su cometido.

Siendo las 15 31 horas, el Comandante Cuevas dispuso primeramente la salida de un grupo de Compañías, formando la Primera, Quinta y Duodécima, y se dirigió de inmediato al incendio con el Segundo Comandante Jorge Salas, el Capitán de la Cuarta Compañía, Alberto Buxcel, que cumplía su guardia semanal en la Comandancia; los Inspectores Generales Manuel Beals y Enrique Espejo y los Ayudantes Generales Alberto Couratier, Germán Palacios y Luis Pereira.

Casi inmediatamente después ordenó la concurrencia de la Cuarta, Sexta, la Mecánica de la Séptima, la Novena y el carro de la Decimoquinta Compañía, en el cual llegó el Ayudante General Juan Pablo Montt.

Hubo que proceder simultáneamente a la extinción de incendio que se había producido en la Intendencia, y que afectaba a tres oficinas del tercer piso.

El trabajo en el incendio del Palacio de La Moneda se organizó con el material movilizado, que ya se individualizó, en forma de evitar que el fuego se propagara más allá de lo que tenía comprometido a la llegada del Cuerpo, y que era todo el amplio sector comprendido por el frente de la calle Moneda (excepto la primera oficina del lado oriente), y el de la calle Teatinos hasta más o menos 25 metros de distancia de la esquina de la plaza de la Libertad, incluidas las edificaciones que existían dentro del Palacio, circundando el patio cercano de la entrada por calle Moneda y el bloque que atravesaba de oriente a poniente, al norte del Patio de los Naranjos, excepto el gran comedor, denominado también Salón Toesca.

Se logró detener el fuego, que se propagaba desde el frente de la calle Moneda, por el entretecho, de Morandé 80 y por Teatinos, hacer frente a Plaza de la Libertad, sectores que resultaron parcialmente dañados.

En consecuencia, no sufrió daño alguno en la zona del edificio comprendida de Morandé 80 hacia el sur, y la que tiene frente a la Plaza de la Libertad, hasta Teatinos.

Para reforzar el trabajo de extinción de escombros en toda la extensión comprometida, se ordenó la concurrencia de la Séptima, la Decimotercera y Decimocuarta Compañías.

En un momento dado, se divulgó entre el personal del Cuerpo la noticia de que se había producido la muerte del Presidente de la República Salvador Allende Gossens, y que su cadáver aún permanecía en una sala del Palacio.

El Superintendente Sergio Dávila, el Vicesuperintendente Alfredo Fernández, el Secretario General Gonzalo Figueroa, y el Director Honorario Enrique Phillips, que se encontraban desde tempranas horas en la Dirección General del Cuerpo, se dirigieron al lugar del incendio a las 16,55 horas, con el fin de imponerse personalmente de la magnitud del siniestro.

Visitaron con ese fin algunos sectores, acompañados del Comandante y después volvieron al Cuartel, donde permanecieron hasta pasada la medianoche.

Cuánto eliminado todo el peligro de que pudiera reavivarse el fuego de los escombros, e informar que no llegara a constituir un peligro de propagación, se fue disponiendo la retirada de las Compañías.

Antes de la medianoche la totalidad de ellas estaba en sus cuarteles.

El Comandante debe dejar testimonio de que mientras inspeccionó los diversos sectores en que se trabajaba, pudo observar la serenidad con que todo el personal cumplió sus funciones, tanto los Oficiales como los Voluntarios y los Cuarteleros, no obstante que por las instrucciones impartidas y por qué era fácil advertirlo, estaban conscientes del peligro a que se encontraban expuestos por la acción de francotiradores.

Se dio cumplimiento así una vez más, a la obligación que se tiene impuesta el Cuerpo de prestar sus servicios voluntarios y esto se hizo, a las circunstancias desfavorables que se presenta para la seguridad del personal, con el resultado yo comentado, que puede calificarse exitoso en todo sentido. 

Es del caso volver a mencionar que cuando el Oficial de Enlace del Ministerio de Defensa Nacional, comunico que se había autorizado la actuación del Cuerpo en este incendio, formuló el deseo que se vio ampliamente satisfecho, de que se tuviera suerte en la labor.

Así ocurrió, felizmente, y los Voluntarios vieron que su aspiración, que tuvieron que contener por algunas horas, de poder cumplir con su deber en esta nueva prueba aquí se veían afectados, se había realizado en forma satisfactoria. Sin duda que dicho deseo fue tan sincero como ardiente era la aspiración que habían tenido que contener los miembros de la institución que anhelaban poder cumplir con su obligación en esta prueba a qué se veían enfrentados.

Es de justicia destacar un hecho que demuestra cuán cuántos el sentido de responsabilidad del personal y que lo constituye la circunstancia de que para realizar esta peligrosa labor se contará con una asistencia notoriamente alta como también, que nadie demostrara temor ni dejara vislumbrar el agotamiento que debe haberle afectado después de una jornada no tan sólo extensa sino también de muy singulares características y que pudiera cumplirse sin que se tuvieran que lamentar desgracias personales ni materiales.

La extinción total de los escombros sólo se logró el viernes 14 de septiembre. Para este efecto fue necesario disponer la concurrencia en los días y horas que se indican, de las siguientes compañías:

Miércoles 12:

7,52 horas; 15ª, 17ª y 18ª Compañías.

10,32 horas; Carro de Especialidades de la 6a Compañía.

11,48 horas; Carro Portaescalas de la 7ª Compañía

11,51 horas; Mecánica de la 8ª y Bomba de la 10ª Compañías.

Viernes 14:

5,26 horas; 3ª, 5ª y Carro Portaescalas de la 8a Compañía.

14,24 horas; Carro Portaescalas de la 12ª y Bomba de la 20ª Compañías.

Sede del Partido Socialista

De la Memoria Anual de la Institución

San Martín y Moneda, Tercer Cuartel.

Martes 11 de septiembre, a las 15,44 horas.

Pocos minutos después de haberse ordenado la salida de material al incendio del Palacio de la Moneda, se dispuso la concurrencia al incendio de la Secretaría de un partido político, situada en la calle San Martín número 140, inmueble de construcción antigua de dos pisos de altura.

Para este efecto se ordenó la salida de la 2ª, 3ª, Mecánica y Carro de la 8ª y la 11ª Compañías, al mando del Tercer Comandante Jorge Trisotti, quien concurrido de inmediato con el 4° Comandante Enrique Chereau, el Inspector General Alberto Briseño y los Ayudantes Generales Washington Fernández, Roberto Menzel y Enrique Pérez; y el Ayudante General Julio Vera, que llego en el Carro de la 8a Compañía.

El incremento que había alcanzado el incendio que tenía comprometido el inmueble en su totalidad, se debió a que se había producido mucho antes de la hora en que se obtuvo la autorización del Ministerio de Defensa Nacional para poder concurrir.

Debido a esta circunstancia, el trabajo del Cuerpo se limitó a evitar la propagación del fuego a las propiedades vecinas, labor que puso al personal no sólo al riesgo propio de los derrumbes que se producen en este tipo de construcción, sino también a la acción de francotiradores apostados en diversos lugares cercanos.

El incendio se dió por terminado después de la medianoche. 

El personal que trabajó en este siniestro estuvo sometido a riegos semejantes a los que afrontó el que actuaba en esos mismos momentos en el incendio del Palacio de La Moneda, pues la situación imperante en el lugar era muy parecida.



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