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Despedida a don Gregorio Maureira Reyes

Video: CBS

Recorrió los pasillos de la casa Sextina inspirando respeto y solemnidad.

Tomó sus lentes de marco grueso que llevaba puestos luego de ver por televisión el desempeño del club de sus amores, la Universidad de Chile. Los dobló con cuidado para guardarlos en el bolsillo superior de un elegante traje color azul oscuro, de finas rayas claras, que don Gregorio viste. Parece molesto por el resultado del partido, pero, quienes hemos tenido el placer de conocer a “Goyito”, sabemos que es pasajera su molestia y en breve, con la dulzura que lo caracteriza, volveremos a “sociabilizar”, como él llama, al compartir la vida de cuartel del día a día.

Confesó que sus primeras interacciones con los bomberos los dio con su amigo Tato Ramírez en la Novena en 1948. Sin embargo, no fue sino en 1957, de la mano de Carlos Díaz Morales, con quién firmaría su solicitud definitiva para ingresar a la Sexta.                                                                                                                                                                                                            

Cuenta la historia que, caminando por el centro de Santiago, don Gregorio se acordó que su compañero de Liceo y amigo de infancia, Carlitos Díaz, había ingresado a la Sexta Compañía, que por esos años estaba en calle Santo Domingo. Desorientado por tantos portones que no permitían distinguir cuál Compañía era cuál; ya que se encontraban, además de la Sexta, la Tercera y Cuarta, en la misma dirección. Consultó por su amigo Díaz a unos jóvenes voluntarios sentados en un escaño. La respuesta fue instantánea: - Ese nombre corresponde a los revoltosos de la Sexta…-. Lejos de causar una molestia tal indicación para ubicar el Cuartel de su amigo, don Gregorio, se sintió inmediatamente seducido por el alegre y bohemio ambiente de los voluntarios sextinos que en ese momento se encontraban en el Cuartel. Casualmente, ese día, un compañero de trabajo de su padre, que también era voluntario de la Sexta, don Ruperto Cañas, se encontraba jugando pool en el Cuartel. Goyito firmó al instante su solicitud, dando inicio a una de las mejores etapas de su vida: ser un bombero de la Sexta, según sus propias palabras.

Con voz muy suave, casi susurrando un secreto, acentuando el final de sus frases, Goyito cuenta que nunca pensó en llegar a los sesenta años de servicio en la  Institución. –“Más bien parece que era ayer -dice- cuando me desempeñaba como un joven funcionario de la firma “Gibbs & Cía” y “socializaba” por las tardes con mis grandes amigos: Patricio Cannobio de la Primera e Ignacio Soulé, de la Cuarta-. Lo que sucede mi amigo –dice- es que después de los 30 años de servicio, todo se va muy rápido…-. Don Gregorio gesticula con pasión cada recuerdo que relata: - No cabe duda, dice, que mi mayor pena fue la muerte en acto de servicio de mis compañeros Cáceres y Cumming. Sin embargo, el recuerdo de ambos, se mantiene intacto en mí-. Agrega, que una característica, casi genética de los miembros de la Sexta, es el amor por las tradiciones: - “Todo chiquillo nuevo, que entra a la Sexta, es inmediatamente inducido en nuestras tradiciones, bañado en ellas”.

Uno de los momentos más maravillosos en su vida como sextino, agregó Goyito: - fue cuando ganamos la Competencia José Miguel Besoaín junto con la Cuarta, en los años sesenta y algo.  ¡¡¡Fue todo tan maravilloso!!!...- exclama con sus manos. - La celebración duró días y armamos un puente de escalas en el patio que nos unió aún más con los “franchutes” de la Pompe France.

Don Gregorio Maureira. Su delgada y elegante figura recorrió los pasillos de la casa Sextina inspirando respeto y solemnidad. En algún momento parece recordar alguna otra anécdota. Siempre observaba con una cuota de nostalgia el casino de la Compañía, como buscando algún compañero de Bomba con quién sociabilizar. Cercano a la juventud sextina, para comentar sus historias y anécdotas de tiempos del cuartel de Santo Domingo o de sus aventuras en sus tiempos mas mozos. Siempre con energía para sumarse a algún canto bomberil o cantar “Un Amor” de Tito Puente y “C´est si Bon”, nuestro querido Goyito alegraba los eventos sociales en nuestra Compañía y sin duda, su partida deja una huella imborrable en la Compañía de Salvadores y Guardia de Propiedad.

 



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