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En La Memoria del CBS – Incendio en el Cuartel General

El martes 24 de octubre 1967, a las 22.10 horas, se produjo un incendio en el Cuartel de la 4ª Compañía. Su origen, probablemente, se debió a un accidente eléctrico ocurrido en el salón de sesiones. El cuartel se encontraba al cuidado de un mensajero, que solo advirtió el siniestro por la iluminación que produjeron las llamas.

El personal de Voluntarios de la Compañía, se encontraba a esa hora realizando un ejercicio en el Stade Francais.

Fueron destruidos por el fuego el salón de sesiones ya mencionado y algunas dependencias adyacentes, ocasionando la perdida de muebles, documentos y reliquias apreciadas por la Compañía.

El incendio se propago por el entretecho hasta el Cuartel General, en la parte correspondiente al salón de sesiones del Directorio. Rápidamente alcanzo las oficinas de los Comandantes, Inspectores y Ayudantes Generales. No obstante, pese al incremento que logro alcanzar, pudo ser circunscrito a los lugares mencionados, gracias al conocimiento que tenían del edificio todos los Voluntarios.

Por efectos del agua, se dañaron algunos retratos al óleo de grandes servidores y de mártires de la Institución, cuadros que afortunadamente pudieron ser rescatados en su totalidad y con rapidez, evitándose que sufrieran mayores deterioros, salvo uno de ellos, que tendrá que ser prácticamente rehecho.

Es digna de ser destacada, la ardua labor cumplida por los Voluntarios, además la actitud valerosa de las Operadoras de la Central de Bombas, señoras Inés Aguilera y Lidia Silva y señorita Regina Donoso, quienes se mantuvieron en sus puestos en todo momento, negándose a ser relevadas por Ayudantes Generales; la del Cuartelero General señor Augusto Lara, que hizo primar su deber sobre sus intereses personales e inicio sus labores retirando los vehículos que se hallaban en el garage de la Comandancia; y la de los empleados señores Arturo Arriagada, Hernán Conduela, Vicente González, Exequiel Pizarro y Víctor Mery, que desarrollaron un trabajo abnegado y afectuoso en todo momento.

*Texto extraído de la Memoria del Cuerpo de Bomberos de Santiago, año 1967.

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OCURRIÓ EL… 2 de marzo de 2005

Un incendio de grandes proporciones consume parte del cuartel central de la Policía de Investigaciones de Chile, situado en la esquina de las calles General Mackenna y Teatinos, en el centro de Santiago. Es el 2 de marzo del año 2005. Son las 12:48 horas.

 A raíz del fuego, personal de Carabineros acordona el área y desvía el tránsito en el sector. El siniestro afecta el 4° piso del inmueble.

En cuanto a la causa y tras controlar la emergencia, esta se habría producido debido a las chispas de un disparo de una escopeta, en el interior del polígono de tiro del laboratorio de balística, sobre un cajón relleno con guaipe que era utilizado para recuperar la munición.

Una vez inflamado este elemento, el fuego se propagó en forma muy rápida a la esponja que recubría las paredes del polígono y que servían como aislante acústico, saliendo al exterior y afectando gran parte del cuarto piso.

Debido a la gran cantidad de municiones de diversos calibres que se mantenían en el laboratorio, el trabajo de Bomberos se vio dificultado por la gran cantidad de detonaciones que se produjeron al verse expuestas a altas temperaturas.

Después de 4 horas y 32 minutos se daba por finalizado el incendio. Concurrieron 8 carros bomba, 3 porta escalas, 5 mecánicas, 1 carro Haz-Mat, 1 carro cisterna, 1 carro de comando, 1 carro de investigación de incendios, 2 ambulancias, 1 carro de transporte y 2 camionetas.

 

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OCURRIÓ EL…9 de agosto de 2008

A las 05:47 horas del sábado 9 de agosto de 2008, en la intersección de Catedral y General Baquedano, comuna de Santiago, el Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS) respondió a una Tercera Alarma de Incendio.   

En el lugar, Bomberos debió controlar las llamas que consumían un inmueble de un piso, el cual se encontraba deshabitado. La propagación del fuego por la parte interior dificultó el trabajo, ya que se originaron derrumbes de cornisas y muros, lo que complicó aún más la tarea de extinción.

El taller de una fábrica de confecciones y dos viviendas, aledañas al incendio, resultaron daños de diversa consideración.

En este siniestro se trabajó durante 5 horas con 50 minutos y se emplearon 9 Carros Bomba, 4 Portaescalas, 2 Carros Aljibe, 2 Telescópicas, 1 Carro de Rescate, 2 Camionetas de Comandancia, 1 Ambulancia, 1 Carro de Comando y Telecomunicaciones y 1 Carro de Investigación de Incendios. Asistieron 243 Voluntarios.

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En La Memoria del CBS - El llamado de José Luis Claro Cruz

El 8 de diciembre de 1863, José Luis Claro es uno de los cientos de habitantes de la capital que observan impotentes el horroroso incendio del Templo de la Compañía de Jesús, que ha costado sobre dos mil víctimas.

Apenas unos días después, un 11 de diciembre, mientras se realizaba la misa fúnebre por las 2.200 víctimas, un pequeño aviso perdido en las páginas de los diarios El Ferrocarril y La Voz de Chile destellaba en la desolación. En ellos, el ciudadano José Luis Claro Cruz hacía un llamado a los jóvenes de la capital para reunirse el lunes 14 de diciembre de 1863, para formar una compañía de Bomberos Voluntarios.

"AL PÚBLICO, Se cita a los jóvenes que deseen llevar acabo la idea del establecimiento de una compañía de bomberos para el día 14 del presente, a la una de la tarde al escritorio del que suscribe. J.LUIS CLARO. 3240 - Diciembre 11 - 2473."

La respuesta fue inmediata. Doscientos jóvenes llegaron hasta la oficina del Claro solicitando incorporarse a la urgente iniciativa. Había políticos destacados, sacerdotes, empresarios, jornaleros y artesanos. Tantos fueron los convocados, que se decidió citar a una nueva reunión, para el 20 de diciembre de 1863, en los salones de la Filarmónica.

Muchos de los asistentes, habían perdido a un pariente o amigo y hasta el mismo intendente de la capital, Francisco Bascuñan Guerrero, lamentaba la desaparición entre las llamas de su hermana y sus sobrinas.

Así se iban estableciendo las bases fundacionales del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

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Hombres con alma de fuego: Germán Tenderini y Vacca

Nació en el pueblo toscano de Carrara, en 1828, poblado italiano reconocido internacionalmente por sus artesanías e industrias de trabajo en mármol.

Hijo de Juan Bautista y Zenobia Tenderini (ella de apellido Vascá cuando soltera, según algunas fuentes), la familia también participaba de este oficio, por lo que trabajó en él desde niño y en duras condiciones, hasta cerca ya de su juventud.

Su vocación de servicio quedó manifiesta cuando tuvo lugar la devastadora epidemia de cólera en Italia, durante la cual trabajó como voluntario para asistir enfermos y trasladar ayuda. Destacó de tal manera en estas labores, que el Gobierno de Roma le otorgó un reconocimiento público y hasta le ofreció premiarlo con el título de Barón, distinción que el joven héroe rechazó por las tendencias progresistas de sus ideas, inspiradas por teorías sociales y románticas.

Entre muchas de las incertidumbres que rondan su vida, se desconoce la razón por la que viajó después hasta Chile con su madre y de su hermano Uldaricio, hacia 1856, probablemente por alguna situación relacionada con la reciente unificación italiana. Acá se dedicó a trabajar también el arte del mármol y se integró a la Masonería de Chile, siendo invitado a la Logia Nº 5 “Justicia y Libertad”.
Su sentido vocacional de servicio, además de su liderazgo innato, se impuso otra vez, llevándole a fundar un taller-escuela para la enseñanza de aprendizaje en técnicas manuales y artesanía. Fiel a sus ideas, se integró al Club de la Reforma y se hizo miembro de la Sociedad de Artesanos La Unión y al Club de Obreros, ambos relacionados con la masonería, y desde los cuales ayudó a organizar a trabajadores y artesanos en torno a la protección de sus derechos.

Estando aún viva su madre, conoce a doña Antonia Bustamante Sepúlveda, de quien se enamora perdidamente aunque sin contraer matrimonio, pues no creía en los vínculos sagrados de la Iglesia y en aquellos años no existía el matrimonio civil. Sin embargo, su mujer cayó gravemente enferma y, estando ella en peligro muerte, Tenderini decidió desposarla en ceremonia religiosa del 9 de noviembre de 1867. Para su fortuna, ella no murió.

A partir de diciembre de 1863, luego del fatídico incendio de la Iglesia de Compañía de Jesús, se había comenzado a citar a voluntarios que quisieran integrar el Cuerpo de Bomberos que estaba fundándose. Tenderini ingresó a la Compañía de Guardia de Propiedad el 13 de octubre de 1865.
En 1867, fue ascendido a Sargento Cuarto, y al año siguiente Teniente Cuarto. Sus propios compañeros le concedieron el grado de Teniente Tercero de la Cuarta Compañía “Salvadores” en julio de 1868, al quedar vacante el cargo. Fue reelegido en este grado para el período 1869-1870, en reconocimiento a su heroísmo y audacia, mismas virtudes que lo llevarían a la muerte, sin embargo.

El 8 de diciembre de 1870, se declaró un incendio en el Teatro Municipal de Santiago, por fortuna sólo poco después de concluida una presentación en sus escenarios y cuando el público acababa de retirarse.

Germán Tenderini fue el primero en llegar respondiendo a la alarma, encontrándose con el edificio en llamas que, de cundir, podrían haber provocado un desastre como el de Valparaíso en 1843.

Allí se encontraría con su colega Arturo Villarroel, futuro héroe de la Guerra del Pacífico apodado “El General Dinamita”. Fueron recibidos por quien trabajaba como portero del teatro, Santiago Quintanilla, quien le abrió las puertas y le acompañó al interior del infierno para detectar y atacar el foco principal del fuego.

Los demás bomberos llegaron cuando las llamas ya abrazaban la construcción por todos sus costados y el fuego bramaba exhalando humo por las ventanas del teatro. Nadie advirtió que Tenderini ya se encontraba adentro, y que por esta razón no respondía a los llamados de sus compañeros de uniforme.

Cuando volvieron al Cuartel y pasaron lista, quedó clara su ausencia, y comenzó a temerse lo peor. La triste realidad quedó en evidencia durante las inspecciones realizadas dentro del edificio siniestrado, cuando se encontró el cuerpo calcinado del héroe al lado del escenario del Teatro Municipal. Quintanilla también había fallecido.

El otro de los primeros bomberos que había llegado al lugar y que alcanzó a ver con vida a Tenderini, Villaroel, sólo pudo dar su testimonio después de haberse recuperado de la asfixia.

En su informe detalla los angustiantes y dramáticos últimos momentos de Tenderini y Quintanilla, antes de caer sofocados por los humos.

Germán Tenderini fue, así mucho más que el nombre homenajear en una calle del centro de Santiago, cuando ésta se abrió entre las calles Clara (Mac Iver) y San Antonio.

Por algunos años, la 6ª Compañía de Bomberos de Santiago publicaba también una revista institucional con el apellido del héroe, y en el primer centenario del Teatro Municipal, la Ilustre Municipalidad de Santiago hizo levantar el 17 de septiembre de 1957 un busto de bronce en el lugar, que aún se encuentra allí recordando su sacrificio.

Tenderini correspondió al primer mártir del Cuerpo de Bomberos de Santiago, y su ejemplo ha sido espejo de rectitud y sacrificio para esta institución de voluntarios que sigue constituyendo un ejemplo elogiado en el mundo entero.

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Hombres con Alma de Fuego: Juan Encina Espinoza

Era la tarde del viernes 25 de noviembre de 2005, pasadas las 14:00 horas, y el Cerro Renca se rodeaba de fuego. Los Voluntarios de la Vigésimo Primera trabajaban sin cesar para apagar los pastizales que, por el sector de Manuel Rodríguez y El Cerro, se quemaban sin control.

La misión ha sido cumplida con éxito y todos los Bomberos de la 21, entre los que se cuenta a Juan Encina Espinoza, regresan al Cuartel sin novedad.

En el casino, el análisis del trabajo y la distensión se apoderan del momento, haciendo que las horas pasen fluidas, y siempre a la espera de esa caída de timbres que nos alerta cuando alguien nos necesita.

Ya eran las 20:22 horas, y ese sonido retumba en los oídos de quienes lo esperaban prestos. Al carro B-21 llegan raudos el Cuartelero Camilo Vergara, y los Voluntarios Miguel Morales y Luis Retamal. El llamado de la Central consulta el 6-0, que indica quien va a cargo y la tripulación de Bomberos en la máquina: Voluntario Juan Encina, 3.

La dirección, Avenida El Cerro y General Vergara.

En el Cuartel, su hijo Gonzalo queda cubriendo el puesto de Mensajero.

Al paso de los minutos, la comunicación con la Bomba se perdía. Tres Oficiales parten a verificar que es lo que pudo haber ocurrido; el Director Félix Sarno Mondaca, el Capitán Héctor Moraga González y el Ayudante de Administración Moisés Hidalgo.

La situación se tornaba preocupante. El tráfico radial hacia la Bomba no paraba, exigiendo una pronta respuesta. Pero la llegada de esos tres Oficiales confirmó todas sospechas. Por radio, el Ayudante Hidalgo confirma la información que la Central de Alarmas y Telecomunicaciones ya manejaba. El Carro Bomba B-21 había desbarrancado.

El Voluntario Morales subía con dificultad la ladera en busca de ayuda. En el entorno yacían el Bombero Retamal y el Cuartelero Vergara; y a pocos metros de los fierros retorcidos y el material desparramado, el Voluntario Juan Encina se debatía entre la vida y la muerte.

Los carros de otras Compañías del Cuerpo llegaban al rescate, y tras de ellos muchos Bomberos que se iban enterando con sorpresa y estupor de lo que había sucedido.

El Voluntario de la Vigésimo Primera, y por ese entonces Comisario de la Séptima Comisaría de Carabineros de Chile con asiento en Renca, General Rolando Casanueva, pide el apoyo de un helicóptero para evacuar a los lesionados.

En adelante todos los esfuerzos eran infructuosos. La vida del “Chico” Encina se entregaba, con el paso de los minutos a esa lista de Gloriosos Hombres que, por servir a la comunidad, ofrendaron su vida en el cumplimiento del deber voluntariamente impuesto.

En su discurso pronunciado en los Funerales del Mártir Juan Agustín Encina Espinoza, realizado el domingo 27 de noviembre en el Cementerio General de Santiago, el Director Sarno declaró: “¿Recuerdan el llamado a pastizal en que B-21 al mando de un Bombero llamado Juan Encina, y cuyo carro era tripulado por 3 Voluntarios?... Ese carro no llegó a la línea del fuego.

 Por primera vez, el fuego nos ganó.

 Esa bomba, Mí Bomba se desbarrancó.

El material que con tantos años y esfuerzo gracias a las autoridades del Cuerpo, autoridades Municipales, al Círculo de Amigos de la Bomba Renca, de nuestros vecinos que nos apoyaron en las campañas económicas, de algunos empresarios que en un momento nos tendieron la mano, todo ese material se esparció, por ese simple pasto y junto a ello, entre las maderas rotas de las escalas, del serpentear de las mangueras  sin  agua,  de  entre  los  pitones,  de  los  materiales  de  rescate  y  forestal,  de  entre  cotonas y cascos fueron cayendo uno a uno sus tres Voluntarios, y su Cuartelero. Uno de ellos, el que iba a cargo, el que hace algunos minutos antes, trabajó activamente en sofocar un incendio forestal.

Ese voluntario fue llamado por nuestro Protomártir Germán Tenderini y a pesar de los esfuerzos que realizaban sus compañeros veintiuninos que comenzaban a llegar entre los que estaba su  hijo, tal  vez  indisciplinadamente  no escucho los gritos de su Capitán y de sus compañeros que le obligaban  a no entregarse a los brazos del martirologio, no escucho los llantos de los vecinos que a distancia  miraban como aquella  ladera  era  regada de  sangre, indisciplinadamente no escuchó a su Director que dejando la faja de seda en un segundo plano y colaborando  como  un  bombero  más,  exigía  que  esta  historia  no  fuera  escrita  aun.  Pero este joven que golpeó la puerta del servicio en 1976, ese Voluntario a Cargo, no nos obedeció, obedeció a Germán Tenderini.  Eso nos demuestra cual es la verdadera autoridad de los Bomberos Chilenos. Nuestros Mártires, es así como Juan Encina Espinosa, desde el viernes 25 de noviembre es el más sagrado de nuestros Bomberos, ya no es el chico Encina, el pequeño, el tímido, es el más grande el con más fuerza el único elegido por Tenderini el primero que selló con su sangre el glorioso destino de la Vigésimo Primera, y así y todo yacía derramando su sangre como algunos dicen en un simple pasto”.

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En la Memoria del CBS: El Sextino que sobrevivió a la muerte

Día: 4 de diciembre de 1983.

Lugar: Maquinista Escobar y Bascuñán Guerrero

Incendio declarado de gran magnitud.

La 6ª Cía. Concurre al lugar y comienza la lucha contra el fuego. Repentinamente, en plena labor, el voluntario Sr. Héctor Uribe Carrasco recibe un golpe de corriente de 380 voltios, que sumado a la caída posterior le ocasionan un paro cardiaco.

La situación es desesperada, pero una vez más la cobertura orgánica de la institución demuestra su eficacia. El personal médico y paramédico entra en acción. El voluntario Uribe recibe respiración boca a boca y los masajes pertinentes que logran revivirlo.

En la agilidad que el momento plantea, se decide el traslado a un centro hospitalario, en cuyo trayecto el Sr. Uribe sufre un nuevo paro cardiaco que le ocasiona un edema cerebral.

En el centro asistencial se constata su fallecimiento clínico, y comienza a gestarse en ese momento la maravillosa conjunción de “salvar una vida” y la “voluntad de vivir”.

Ante la carencia de signos vitales, el voluntario es trasladado al pulmón artificial, donde se gana terreno a la desesperanza manteniéndolo con vida.

La lucha se toma angustiosa. Familiares, la institución y sus compañeros Sextinos asistieron, durante una semana, como sobresaltados espectadores, al esfuerzo de la ciencia y la fe por mantener junto a ellos a un hombre que luchaba como tal.

Así, mientras no se escatimaba labor en el centro hospitalario, la fe de la madre del voluntario Uribe la lleva a Los Andes, a realizar una plegaria a Sor Teresa.

A su regreso a Santiago, los inexplicables designios que rigen la vida, le deparan la alegría ansiada, su hijo había despertado del cruel letargo.

Comenzó la recuperación y, hoy, la ciencia y la fe orgullosa dan testimonio de su papel en la completa recuperación del voluntario Sr. Héctor Uribe Carrasco.

La ciencia agradecida, recibía el pago de una vida ganada a la muerte. Y la fe, una peregrinación de agradecimiento a la mística de Los Andes, por parte de la madre del voluntario, 6ª y compañeros de otras compañías.

La voluntad de vivir gano su eterna batalla.

 

Revista 1863 año 1983

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Hombres con Alma de Fuego: Benjamín Fernández Ortiz

A las 2:35 de la madrugada del jueves 22 de noviembre, un incendio se declaraba en las bodegas de la firma Gibbs y Gildemeister, ubicadas tras la entonces Estación “Yungay”, de Ferrocarriles del Estado, en la intersección de Román Spech y Nueva Matucana.

Todo se encontraba envuelto en llamas, cuando llegó la bomba de la Novena. Allí, sus Voluntarios recién introducían los pitones dentro de las grandes dependencias que ardían violentamente.

Ya en la etapa de extinción, el colapso de los muros y soportes produjo el derrumbe de la estructura completa del techo y una larga muralla de ladrillos, cayendo sobre dos Voluntarios que sostenían un pitón; Sergio Passalaqua y Benjamín Fernández, siendo este último quien finalmente fallece en el lugar.

Así el Ayudante de la “Nona”, con más de 25 años de servicio, se convertía en el segundo Mártir de dicha Compañía, y el vigésimo segundo a nivel institucional que caía en el cumplimiento del deber y abnegación, transformándose en un símbolo en el que las nuevas generaciones pueden reflejarse.

2011

Hombres con Alma de Fuego: Víctor Hendrych Husak

El 20 de Noviembre a las 5:20 de la madrugada se dio la alarma de incendio en la calle Diez de Julio esquina de San Francisco. El material del Cuerpo se puso en movimiento con la rapidez acostumbrada, y entre éste el carro de escalas de la 8ª Compañía, en la cual viajaban además del Cuartelero, tres oficiales y cuatro voluntarios, pertenecientes al servicio de Guardia Nocturna.

El carro tomó a gran velocidad la calle Enrique Mac-Iver (ex Claras) para salir a la Alameda, pero al llegar a la esquina de Merced, un tranvía eléctrico sin detenerse en la esquina, a pesar de que la bomba tocaba continuamente la bocina, se atravesó en la boca calle. El carro a corta distancia de la esquina no pudo ser detenida, estrellándose violentamente contra el tranvía, que saltó de la línea, y fue a dar a la cuneta.

La máquina después de embestir de frente al vehículo que se oponía a su paso, giró rápidamente sobre su costado derecho chocando nuevamente de flanco al tranvía, y recibiendo el Voluntario Hendrych que ocupaba el asiento inmediato al chofer, todo el peso del golpe, ocasionándole una muerte instantánea.

Conducidos los heridos, junto con el cadáver de Hendrych, a la Asistencia Pública, se dispuso después de las primeras curaciones el traslado de los accidentados al cuartel de la Compañía, y a las diez de la noche del mismo día, el Cuerpo en impresionante romería acompañó los restos del abnegado bombero a la capilla ardiente que se había improvisado en el salón de sesiones del Directorio, donde sus compañeros debían montar guardia permanente hasta la partida del cortejo.

Los funerales de la víctima efectuados al día siguiente asumieron extraordinaria solemnidad. Formaban la comitiva, uno de los edecanes de S.E. el Presidente de la República, quien llevaba su representación, el Intendente de la Provincia, el Alcalde de Santiago, el Director General de Carabineros, una delegación de oficiales del mismo cuerpo, otra del Ejército, comisiones de las Asociaciones hermanas de Puente Alto, San Bernardo, Buín, Melipilla, Rancagua, Viña del Mar y Valparaíso, los compañeros de trabajo de la víctima, el Directorio y la totalidad de las Compañías de la capital con sus estandartes y el material enlutado. Llegado el cortejo al Cementerio y antes de entregar el cadáver a la tierra hicieron uso de la palabra el Superintendente D. Luís Kappes, el Alcalde de Santiago, el Director de la 9ª Compañía de Bomberos de Valparaíso en representación de la Institución Porteña, quienes en frases muy elocuentes y sentidas pusieron de manifiesto el intenso pesar que sentían ante el sacrificio de esta joven víctima del deber.
 

1511

Hombres con Alma de Fuego: Los Seis de Amunátegui y Huérfanos

La madrugada del jueves 15 de noviembre de 1962 se configuró como el escenario más duro que ha debido enfrentar el Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Eran las primeras horas, específicamente las 02:45, y una alarma de incendio es declarada en la esquina de Hermanos Amunátegui y Huérfanos, pleno centro de Santiago. Las Compañías presentes en el lugar, trabajaban en su gran mayoría con aquellos jóvenes Voluntarios que pernoctaban en sus Cuarteles, integrando las dotaciones de Guardias Nocturnas.

El incendio en si era de poca magnitud y no existía peligro de mayor propagación. El lugar afectado fue un edificio que construía la firma Neut Latour y Compañía. Se quemaban materiales de construcción, artículos para instalaciones eléctricas, castillos de madera, etc.

No se presentó ninguna anormalidad mientras se trabajaba, pero se produjo un repentino derrumbe casi al término de la labor, cuando se extinguían algunos focos de fuego en unos castillos de maderas adosados a una pared cortafuegos, que, como muchas que existen en esa ciudad, se había ido aumentando en altura con los más diversos materiales.

En su base era de adobe, más encima cemento y finalmente de ladrillos, agregados estos que se hicieron para que alcanzara la altura de dos pisos. Por lo tanto, su base era débil, ya que no fue calculada para resistir todo ese peso.

Antes de dar la orden de retirada, como es costumbre, se practicaba una revisión más del lugar.

El Cuarto Comandante hacia botar enlucidos de cemento que estaban por desprenderse de una muralla, mientras que el Tercer Comandante dirigía el trabajo de despeje encima de los castillos de madera. El Comandante se hallaba en un sitio estratégico desde el cual dominaba toda la acción que se estaba desarrollando y desde donde podían ser oídas sus instrucciones, que impartía por megáfonos.

Repentina y silenciosamente, la muralla cortafuego cedió en su base. Hundiéndose más o menos 40 centímetros y comprometiendo con esto la estabilidad de una construcción de 2 pisos a la que estaba adosada, la edificación a la que no había alcanzado la propagación del fuego y que se desplomo sobe el personal que trabajaba encima y a los pies de los castillos de madera.

Seis jóvenes Bomberos sucumbieron ante la inevitable caída de la estructura, apagando sus vidas en el cumplimiento del deber voluntariamente impuesto: Patricio Cantó Feliú, de la Tercera Compañía; Pedro Delsahut Román, de la Cuarta Compañía; el Teniente 3° Carlos Cáceres Araya y Alberto Cumming Godoy, de la Sexta Compañía, y Rafael Duato Pol y Eduardo Georgi Marín, de la Duodécima Compañía.

Otros dieciséis Voluntarios resultaron heridos, algunos de ellos en estado de suma gravedad.

Al día siguiente, en el Directorio reunido en Sesión Extraordiaria en el Cuartel General, el Superintendente Hernán Figueroa Anguita, pronunciaba en su triste alocución: “Nada hacía presagiar tan irreparable desgracia. Nuestros mandos, que cuentan con gran experiencia, que nunca habían visto sorprendidos por un acción tan absolutamente imprevisible, tuvieron que presenciar como hundían los cimientos de una vieja muralla que aplasto a estos seis voluntarios que a consecuencia de ellos fallecieron”, agregando que “todos los Voluntarios fallecidos tan trágicamente eran jóvenes, activos y entusiastas y ya se habían dado a notar en sus respectivas Compañías por condiciones especialísimas que reunían y por el cariño con que estaban sirviendo a la Institución. Vosotros, compañeros que me escucháis, sabéis comprender porque la sufría, la congoja que experimentamos con este impacto. Para esta noble Institución que solo se rige por las reglas de la más absoluta disciplina y que solamente se guía por ese espíritu humanitario que todos nos congrega. Este es un golpe muy doloroso”.*

*Texto extraído de la Memoria CBS, año 1962.